Lekeitio: el pueblo marinero con una isla que se cruza andando dos veces al da

Hay pueblos del Cantábrico que se entienden mirando el mar y otros que se entienden mirando lo que tienen delante. Lekeitio pertenece al segundo grupo: en el centro de su bahía hay una isla, San Nicolás, y esa isla explica el puerto, las playas, la forma de la villa y hasta la manera en que la gente pasa la tarde de un día de agosto.

Con poco más de siete mil habitantes, Lekeitio es una de las villas marineras mejor conservadas de Bizkaia y una de las que menos ha renunciado a su carácter. Sigue habiendo flota, sigue habiendo cofradía, y el casco antiguo no se ha convertido en una sucesión de terrazas para visitantes. Esto es lo que conviene saber antes de ir.

Vista de Lekeitio con la isla de San Nicolás en el centro de la bahía
La isla de San Nicolás ocupa el centro de la bahía y condiciona el puerto, las playas y la forma de la villa. Foto: Txikillana · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

La isla que se puede cruzar andando

La isla de San Nicolás es lo primero que llama la atención y también lo que provoca la escena más fotografiada del pueblo: dos veces al día, con la marea baja, aparece un camino de piedra que la une con la playa y se puede llegar caminando.

El paso es real y se usa, pero exige mirar la tabla de mareas antes. La ventana segura es de unas dos horas alrededor de la bajamar; fuera de ella el camino desaparece bajo el agua y la única salida es esperar el siguiente ciclo. La subida a la cima de la isla es corta, empinada y sin sombra, y desde arriba se ve la bahía entera con las dos playas, el puerto y el cabo.

Un detalle que casi nadie sabe: la isla fue un convento de franciscanos y todavía se distinguen restos entre la vegetación. Y por debajo, hay cuevas que se pueden asomar con la marea muy baja.

Dos playas que no se parecen

Lekeitio tiene dos arenales separados por el puerto, y elegir mal cambia el día:

  • Isuntza es la playa urbana, protegida por la isla y por el propio puerto. Agua tranquila, arena fina y a un minuto del casco. Es la de las familias.
  • Karraspio queda al otro lado de la desembocadura del río Lea, ya en el término de Mendexa. Más abierta, con olas, y la que usan los que van a bañarse en serio o a hacer surf.

Entre las dos hay un puente y un paseo de diez minutos, así que se puede cambiar de playa sin coche. Con marea alta, Isuntza se reduce bastante y Karraspio gana.

El puerto, que sigue trabajando

La cofradía de pescadores de Lekeitio es una de las más antiguas del Cantábrico y el puerto no es decorativo: descarga a diario y la subasta sigue existiendo. Eso tiene una consecuencia agradable para el visitante, que es la calidad de lo que se come, y otra menos obvia: el pueblo mantiene un ritmo propio que no depende del turismo.

La villa vivió durante siglos de la pesca de la ballena primero y del besugo y la merluza después. En el escudo de Lekeitio aparecen dos ballenas, y ese detalle heráldico es el mejor resumen de su historia económica.

Puerto pesquero de Lekeitio con embarcaciones amarradas
La cofradía de Lekeitio es una de las más antiguas del Cantábrico y el puerto sigue descargando a diario. Foto: Asier Sarasua Garmendia · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

La basílica y el casco antiguo

La basílica de la Asunción de Santa María es una de las iglesias góticas más notables del País Vasco, del siglo XV, con tres naves y un retablo mayor tallado y dorado que está considerado uno de los mejores del gótico flamenco en la península. Se ve desde el puerto y domina el casco.

Alrededor, el casco antiguo conserva el trazado medieval: calles estrechas paralelas al mar, casas de piedra con miradores de madera y varios palacios de armadores. El de Uribarria y el palacio de Oleaga son los más visibles. Se recorre entero en media hora, y merece hacerlo por las calles de arriba y no solo por el paseo marítimo.

El Antzar Eguna, la fiesta que hay que explicar

El 5 de septiembre, dentro de las fiestas de San Antolín, Lekeitio celebra el Antzar Eguna, el día del ganso. Es la fiesta más conocida de la villa y también la más discutida.

La prueba consiste en que las cuadrillas remen hasta una soga tendida sobre la bahía, de la que pende un ganso, y uno de los tripulantes se agarre a él mientras desde tierra se tensa y se suelta la cuerda, levantándolo y hundiéndolo en el agua. Gana quien más aguanta. Hoy el ganso está muerto antes de la prueba, algo que la normativa de protección animal impuso hace décadas y que cambió el sentido del festejo.

Al margen de la polémica, el resto de las fiestas de San Antolín llena el pueblo la primera semana de septiembre, y es probablemente el peor momento para ir buscando tranquilidad y el mejor para ver Lekeitio en su versión más viva.

Basílica de la Asunción de Santa María de Lekeitio
La basílica, del siglo XV, conserva uno de los mejores retablos del gótico flamenco de la península. Foto: Zarateman · Public domain · Wikimedia Commons

Qué comer

La cocina de Lekeitio es de puerto y no necesita inventar nada:

  • Besugo a la espalda, que es el plato de la casa y el que justificó siglos de flota.
  • Merluza a la koskera y en salsa verde.
  • Kokotxas y cogote, para quien quiera la parte que los de aquí se reservan.
  • Marmitako en temporada de bonito, entre junio y septiembre.
  • Txakoli de Bizkaia y sidra de los caseríos del interior.

Y una recomendación de calendario: el besugo está mejor en invierno, y en invierno Lekeitio se ve como es de verdad, sin la ocupación de agosto.

Cómo llegar y cuándo ir

Lekeitio está a unos 55 kilómetros de Bilbao por la BI-633 y la BI-2238, algo menos de una hora por carretera de curvas y con muy buenas vistas. Hay autobús directo desde Bilbao, que tarda algo más de una hora y evita el problema del aparcamiento, que en verano es serio: el casco es peatonal en buena parte y las bolsas de estacionamiento se llenan a media mañana.

La mejor época, si se busca el pueblo y no la playa, es mayo, junio o septiembre. Y una advertencia útil: consulta la tabla de mareas antes de decidir el día, porque la isla es la mitad del plan y solo se puede cruzar en unas horas concretas.

Un pueblo construido contra la ladera

Lekeitio tiene una particularidad urbana que se aprecia enseguida: no hay apenas terreno llano. La villa se levanta entre el mar y la ladera, y eso ha condicionado su trazado desde la Edad Media. Fue fundada en 1325 con carta de villa, y todavía conserva parte del recinto amurallado y la lógica de las villas marineras del Cantábrico: calles paralelas al agua, cortadas por travesías empinadas que suben hacia la iglesia.

Merece la pena subir por esas travesías en lugar de quedarse en el paseo. Arriba se ven los miradores de madera pintados, los escudos de las casas de armadores y algún portalón del siglo XVI que ha sobrevivido a todas las reformas. Y desde el atrio de la basílica se tiene la mejor perspectiva del puerto sin salir del casco.

El faro de Santa Catalina y el cabo Ogoño

Dos excursiones cortas completan la visita y casi nadie las hace.

El faro de Santa Catalina está a un paseo de veinte minutos desde el puerto, sobre el acantilado que cierra la bahía por el oeste. Es un faro visitable, con una exposición sobre navegación, y desde el mirador se ve la costa hacia Ondarroa. La subida es en cuesta pero está asfaltada.

El cabo Ogoño, ya hacia el lado de Elantxobe, es una de las paredes de acantilado más altas del Cantábrico: unos 280 metros cayendo a plomo sobre el mar. Se puede ver desde la carretera y se puede subir andando desde Elantxobe, con una hora de camino y una recompensa que justifica el esfuerzo.

Cuándo NO ir

Es tan útil como saber cuándo sí:

  • Primera semana de septiembre, si buscas tranquilidad: son las fiestas de San Antolín y el pueblo está al máximo.
  • Agosto entre semana, a mediodía: es cuando el aparcamiento resulta imposible y las playas están llenas.
  • Un día de marea alta permanente, si el plan incluía la isla. Consulta las tablas antes de decidir la fecha; el paso solo aparece unas dos horas alrededor de la bajamar.
  • Un día de galerna: el Cantábrico cambia en horas y con mar de fondo ni la isla ni el faro son buena idea.

La combinación ideal, si se puede elegir, es un día de mayo, junio o finales de septiembre con bajamar a media mañana: se cruza a la isla temprano, se come en el puerto y queda la tarde para el faro.

Cómo encajar Lekeitio en una ruta por la costa

Lekeitio funciona bien como parada de una ruta y no solo como destino de un día. La carretera de la costa de Bizkaia, entre Bilbao y la frontera con Gipuzkoa, encadena en poco más de sesenta kilómetros algunos de los pueblos marineros mejor conservados del Cantábrico, y este es el orden que tiene sentido si se va con tiempo:

  • Mundaka y Bermeo primero, con la ría de Urdaibai y la reserva de la biosfera de fondo.
  • Elantxobe a continuación, colgado del cabo Ogoño, que es la parada más breve y la más asombrosa.
  • Lekeitio como parada larga: aquí se come y se cruza a la isla.
  • Ondarroa para terminar, con su puerto de altura y el puente de Calatrava.

Son unas dos horas de conducción en total, pero la carretera es de curvas y merece tomarse el día entero. Y una advertencia sobre el verano: en agosto los pueblos de esta costa comparten el mismo problema de aparcamiento, así que la ruta se disfruta mucho más en primavera o en otoño, cuando además el mar suele estar más fotogénico.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.