Getxo tiene un problema de identidad que se resuelve en cuanto se pisa: no es un pueblo, son varios. Un barrio de pescadores encalado sobre el mar, un ensanche burgués con palacios, un puerto deportivo grande, tres playas seguidas y una franja de acantilados con fortines. Todo dentro del mismo municipio, en la margen derecha de la ría de Bilbao, a media hora del centro de la capital vizcaína en metro.

El Puerto Viejo de Algorta
Es el sitio por el que casi todo el mundo empieza, y con razón. El Puerto Viejo es el antiguo núcleo pescador de Algorta: un puñado de casas bajas, apiñadas en una ladera muy inclinada, con callejas que bajan hasta el agua y con la particularidad de que los tejados de unas quedan a la altura de la puerta de otras.
Se recorre en veinte minutos y merece bastante más tiempo, porque la gracia está en detenerse. Hay tabernas con terrazas mínimas colocadas donde cabían, escaleras que parecen privadas y no lo son, y desde varios puntos una vista abierta del Abra, la gran bahía en la que desemboca la ría.
Un consejo práctico: el desnivel es real. Bajar es cómodo y subir cansa, así que conviene planificar el recorrido de arriba hacia abajo y salir por la parte del puerto deportivo, que queda al nivel del paseo.
Las playas: Ereaga, Arrigunaga y Azkorri
Getxo tiene playa urbana y playa abierta, y son experiencias distintas.
- Ereaga es la más céntrica y la más protegida, justo bajo el Puerto Viejo y junto al puerto deportivo. Tiene paseo, servicios y es la que más se llena.
- Arrigunaga queda al otro lado del promontorio, encajada bajo los acantilados, con menos servicios y más carácter. La estampa, con la pared de roca detrás, es de las mejores del municipio.
- Azkorri, ya al norte, es la más abierta al mar y la que tiene mejor oleaje, con presencia habitual de surfistas.
El Cantábrico manda: en esta costa la marea cambia por completo la superficie de arena disponible, y una playa que a media tarde parece amplia puede quedar reducida a un pasillo. Merece la pena consultar la tabla de mareas antes de plantear el día, sobre todo en Arrigunaga.

El paseo de las Grandes Villas
Aquí está la otra cara de Getxo, y es la que más sorprende a quien llega por primera vez. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la burguesía vinculada al comercio, la minería y la siderurgia de la ría construyó en esta margen una sucesión de palacios y villas con jardín, mirando al mar.
El resultado es un paseo largo, junto al agua, bordeado de arquitectura que va del neovasco al eclecticismo más recargado, con torreones, galerías acristaladas y verjas de forja. Muchas de esas casas siguen siendo residencias privadas y no se visitan por dentro; el paseo, en cambio, es público y es una de las caminatas urbanas más agradables de Bizkaia.
Ese conjunto explica bastante de la historia económica del territorio: la riqueza que generaba la ría industrial se gastaba, en parte, aquí arriba, con el viento del mar de frente y las chimeneas a la espalda.
La Galea: acantilados, molino y fortines
Al norte del Puerto Viejo, la costa se levanta y aparece La Galea, una franja de acantilados con un sendero que se puede recorrer a pie. Es la parte menos turística del municipio y probablemente la más interesante para quien busque paisaje.
En ese recorrido hay tres elementos que conviene identificar. El fuerte de La Galea, una fortificación construida para vigilar la entrada del Abra, con posición dominante sobre el mar. El molino de Aixerrota, un molino de viento de piedra levantado cuando las sequías dejaban sin agua a los molinos de río, hoy reconvertido en edificio de restauración. Y el faro que marca el extremo de la punta.
El sendero es cómodo, con tramos de tierra y otros pavimentados, y no tiene sombra: en verano conviene hacerlo temprano o al atardecer. La recompensa es una vista completa del Abra, con los muelles del puerto exterior a un lado y el mar abierto al otro.

El puente colgante y la otra orilla
En el extremo sur del municipio, donde la ría se encuentra con el mar, está el Puente de Vizcaya, el puente transbordador que une Getxo con Portugalete y que es Patrimonio Mundial. Es el remate natural de cualquier visita a la zona: se puede cruzar en la barquilla, se puede subir a la pasarela superior y, en cualquier caso, se ve desde lejos.
Cruzar a Portugalete abre además la posibilidad de un paseo distinto por la margen izquierda, con un casco histórico en cuesta, la basílica de Santa María y una tradición industrial que se lee en el propio urbanismo.
Cómo llegar y cómo organizarse
Getxo es uno de los destinos mejor conectados de Bizkaia. El metro de Bilbao llega hasta aquí con varias estaciones en el municipio, lo que permite entrar por un punto y salir por otro sin volver sobre los pasos. Es la forma más razonable de plantear el día: bajar en una estación, caminar por la costa y subir en otra.
Una propuesta de jornada que funciona bien:
- Empezar por el Puente de Vizcaya, cruzarlo y volver.
- Subir hasta Ereaga por el paseo junto al agua.
- Recorrer el Puerto Viejo con calma y parar a comer allí.
- Seguir por el paseo de las villas hacia el norte.
- Terminar en La Galea, con el molino y el fuerte, al atardecer.
Son unos siete u ocho kilómetros de paseo llano, salvo la subida del Puerto Viejo, y se puede acortar en cualquier punto porque el metro va en paralelo.
Tres cosas que conviene saber
- El viento. Getxo es una costa expuesta y el nordeste sopla con fuerza incluso en días soleados. Una capa cortavientos cambia la experiencia del paseo por los acantilados.
- La niebla marina. En verano no es raro que la costa amanezca cubierta y despeje a media mañana, mientras Bilbao está al sol. No conviene decidir el plan por el cielo que se ve desde el interior.
- Las mareas. Ya se ha dicho, y merece repetirse: condicionan las playas y también algunos tramos de roca del litoral.
Por qué merece un día entero
Getxo suele visitarse como apéndice de Bilbao: una mañana rápida para ver el puente y volver. Funciona, y se deja fuera casi todo. La particularidad de este municipio es que reúne, en una franja estrecha, cuatro paisajes que en otros sitios están a cien kilómetros unos de otros: puerto pescador, playa urbana, arquitectura burguesa y acantilado abierto.
Recorrerlo a pie, de sur a norte, es hacer un resumen de cómo se construyó la Bizkaia moderna: la ría trabajando abajo, el dinero construyendo arriba y, al final del paseo, un fuerte y un molino recordando que antes de todo eso aquí solo había viento y mar.
Comer en Getxo: dónde y qué
La gastronomía del municipio tiene tres escenarios bien distintos y conviene saberlo antes de decidir el plan del día.
- El Puerto Viejo es la zona de tabernas y terrazas pequeñas, con ambiente de barrio y raciones para compartir. Es el sitio con más carácter y también el que se llena antes en verano y los fines de semana.
- El entorno del puerto deportivo y Ereaga concentra la oferta más formal, con restaurantes de pescado y terrazas amplias mirando al Abra.
- Las zonas de Algorta y Neguri, hacia el interior del municipio, tienen la oferta cotidiana: bares de barrio, mercado y comercio de proximidad, con precios distintos de los de la primera línea.
Un apunte de temporada que muchos visitantes desconocen: en esta costa, el bonito del norte marca el calendario del verano y aparece en cartas y mercados durante su campaña. Fuera de esas semanas, el protagonismo pasa a otras especies. Preguntar qué hay de temporada, en lugar de pedir por costumbre, cambia bastante la comida.
Getxo con niños y sin coche
Es un destino especialmente cómodo para ir en familia, por tres razones concretas: el paseo junto al agua es llano y continuo durante kilómetros, hay playas con servicios y el metro permite acortar el recorrido en cualquier momento sin necesidad de volver a buscar el coche.
La única parte exigente es la subida del Puerto Viejo, que con carrito de bebé es incómoda. La alternativa es entrar por la parte alta y bajar, o rodear por el paseo.
El resto del municipio funciona bien a pie: el trayecto entre el puente colgante y Ereaga es un paseo largo pero sin dificultad, con bancos y sombra en varios tramos, y la ida y vuelta se puede partir usando el metro en cualquiera de sus estaciones.
Cuándo ir
Getxo tiene dos temporadas muy diferentes. El verano es el momento de las playas, del ambiente en las terrazas y de la programación de conciertos y actividades al aire libre, con la contrapartida de la afluencia. La primavera y el otoño son, para muchos, mejor época: el paseo de los acantilados y el de las villas se disfrutan más con temperaturas suaves, y el mar del Cantábrico en días de marejada es un espectáculo en sí mismo desde el mirador de La Galea.
El invierno tiene también su público, sobre todo entre quienes vienen a ver los temporales romper contra el rompeolas del puerto exterior. Es una estampa impresionante y conviene recordar que hay que verla desde lejos: las olas que saltan un dique de esa altura no admiten curiosidad de cerca.