Torre Loizaga, en Galdames: una torre medieval llena de Rolls-Royce

GALDAMES. En un valle de Las Encartaciones, a media hora larga de Bilbao, hay una torre medieval restaurada que guarda dentro algo que nadie espera: una colección de automóviles clásicos con una representación de Rolls-Royce difícil de encontrar reunida en ningún otro sitio de Europa.

La torre

Torre Loizaga es una construcción defensiva de origen medieval, del tipo de las casas-torre que se levantaron por todo el territorio durante los siglos de las luchas de bandos. Como muchas de ellas, llegó al siglo XX en ruinas.

Lo que la distingue es su restauración: el conjunto se rehabilitó y se completó con edificaciones nuevas y con jardines, formando un recinto que funciona a la vez como monumento y como contenedor de la colección. El contraste entre la piedra medieval y las salas de exposición es, de hecho, una de las cosas que más llaman la atención de la visita.

Recinto de Torre Loizaga, en Galdames, con la torre restaurada
La torre medieval restaurada y los edificios añadidos forman un recinto que funciona a la vez como monumento y como museo. Foto: Javi Guerra Hernando · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

La colección

El contenido es lo que ha dado fama al lugar. La colección reúne automóviles clásicos de distintas épocas, con un núcleo dedicado a Rolls-Royce que abarca buena parte de la historia de la marca.

Para quien no sea aficionado al motor, conviene explicar por qué eso es notable. Rolls-Royce fabricó durante décadas en cantidades muy pequeñas, con carrocerías encargadas a talleres distintos, de modo que cada coche es prácticamente una pieza única. Reunir una representación amplia de sus modelos exige muchos años y una red de contactos internacional.

Junto a esa parte central, el museo expone vehículos de otras marcas y épocas, desde clásicos europeos hasta modelos americanos, y objetos relacionados con la historia del automóvil.

Rolls-Royce Phantom II de 1929
Rolls-Royce fabricaba en series muy cortas y con carrocerías encargadas a talleres distintos: cada coche es prácticamente una pieza única. Foto: Matti Blume · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Cómo es la visita

El recinto combina interior y exterior, así que conviene contar con el tiempo y con el tiempo meteorológico. Las salas de exposición están cubiertas, y los jardines y el entorno de la torre forman parte del recorrido.

Cuatro cosas prácticas:

  • El calendario de apertura es limitado y varía a lo largo del año. Es el dato que más disgustos da a quien se presenta sin comprobarlo.
  • Conviene consultar la información oficial del año en curso para horarios, tarifas y visitas guiadas.
  • El acceso es en coche: el transporte público hasta Galdames es escaso.
  • Es una visita que funciona muy bien con niños, porque los coches se ven de cerca.

Galdames y su entorno

El municipio está en pleno corazón de Las Encartaciones, en una zona donde la minería del hierro dejó una huella profunda. Por los montes de Galdames hay restos de explotaciones, edificios abandonados y trazados de antiguos ferrocarriles mineros que hoy se recorren a pie.

Esa combinación es lo que hace interesante el viaje más allá del museo: se puede encadenar la visita a la torre con una ruta por el paisaje minero, que es una parte fundamental de la historia económica de Bizkaia y que apenas aparece en las guías turísticas.

Edificio en pie en el barrio de El Saúco, resto de la minería en los montes de Galdames
Los montes de Galdames conservan restos de las explotaciones mineras: edificios, trazados y bocaminas que hoy se recorren a pie. Foto: Etxaburu · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Qué más hay cerca

  1. El conjunto monumental de Balmaseda, la villa más antigua de Bizkaia, a poca distancia.
  2. La ferrería de El Pobal, en Muskiz, que explica cómo se trabajaba el hierro antes de la industrialización.
  3. El museo de la minería en Gallarta, que cuenta la otra mitad de la historia.
  4. El parque natural de Armañón, más al oeste, para quien quiera añadir naturaleza.
  5. Las rutas del paisaje minero entre Galdames, Sopuerta y Muskiz.

Las casas-torre, un tipo de edificio con historia

Torre Loizaga no es una rareza aislada: forma parte de un tipo de construcción que se repite por todo el País Vasco y que explica bastante de su historia medieval.

Las casas-torre eran a la vez residencia y fortificación de los linajes que dominaban un territorio. Su planta es cuadrada o rectangular, sus muros muy gruesos, sus vanos escasos y su altura considerable para la época. No eran castillos: eran las casas fuertes de familias que competían entre sí.

Esa competencia tiene nombre propio en la historiografía: las luchas de bandos, un largo periodo de enfrentamientos entre linajes que asoló el territorio durante la baja Edad Media. Fueron tan destructivas que la propia Corona ordenó desmochar torres, es decir, rebajar su altura para quitarles capacidad defensiva.

En Las Encartaciones quedan bastantes ejemplos, algunos restaurados y otros en ruinas. Verlos seguidos ayuda a entender por qué el poblamiento de la comarca es como es: caseríos dispersos alrededor de una torre, no villas amuralladas.

Por qué Rolls-Royce es un caso aparte

Para quien no sea aficionado, conviene explicar qué hace singular a la marca y por qué una colección así tiene valor.

Durante la mayor parte de su historia, Rolls-Royce no vendía automóviles terminados: vendía chasis con mecánica. El cliente encargaba después la carrocería al taller que prefiriese, y esos talleres eran artesanos que trabajaban pieza a pieza.

Las consecuencias son tres:

  • Dos coches del mismo modelo pueden ser completamente distintos por fuera.
  • Las series son cortísimas comparadas con la producción en cadena.
  • La conservación es compleja, porque las piezas no son intercambiables.

De ahí que reunir una representación amplia de la marca exija décadas de trabajo, y de ahí también que una colección así tenga interés incluso para quien no siente ningún apego por los coches: es un catálogo de oficios artesanos del siglo XX.

El paisaje minero de Galdames

Quien llega hasta aquí hace bien en dedicar la otra mitad del día a lo que hay alrededor. Los montes de Galdames estuvieron intensamente explotados, y el resultado es un paisaje con capas superpuestas:

  1. Restos de explotaciones, con cortas, escombreras y frentes de mina.
  2. Edificios abandonados: casas de máquinas, polvorines, viviendas de trabajadores.
  3. Trazados ferroviarios convertidos en caminos, con sus trincheras y sus terraplenes.
  4. Bosque que lo ha recolonizado todo, lo que da a la zona un aire de ruina vegetal muy característico.

Hay itinerarios señalizados que recorren esa herencia, y son de dificultad moderada. Conviene, eso sí, no meterse en edificaciones abandonadas ni acercarse a bocaminas: son estructuras sin mantenimiento desde hace décadas.

Por qué está donde está

Es la pregunta que se hace todo el mundo: qué hace una colección así en un valle rural de Bizkaia. La respuesta tiene que ver con una iniciativa privada que decidió restaurar una torre familiar en ruinas y darle un uso, y que fue reuniendo la colección a lo largo de décadas.

El resultado es un museo que no responde a ninguna lógica turística evidente y que existe porque alguien se empeñó. Probablemente sea eso lo que lo hace memorable: no es un museo diseñado para un público, es una colección que encontró un sitio.

Antes de ir

  • Comprobar el calendario de apertura, que es lo primero y lo más importante.
  • Calcular el trayecto: carreteras de valle, no autovía.
  • Reservar el día entero si se quiere combinar con el paisaje minero.
  • Llevar calzado cómodo, porque hay recorrido exterior.

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