Balmaseda y Las Encartaciones: la Bizkaia interior que casi nadie visita

Bizkaia se asocia con la costa, con la ría y con Bilbao. Su extremo occidental —la comarca de Las Encartaciones— es otra cosa: valles interiores, montes de mediana altura, pueblos pequeños y una historia propia que durante siglos funcionó con instituciones separadas del resto del territorio. Y en su centro, Balmaseda.

Vista de Balmaseda, en Las Encartaciones
Balmaseda se sitúa en un cruce de caminos entre la meseta y la costa: esa posición explica su fundación temprana como villa. Foto: Wolffoxylady · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

La primera villa de Bizkaia

El dato que Balmaseda repite en cuanto se llega es cierto y es relevante: fue la primera villa fundada en Bizkaia, con carta de fundación anterior a la del resto. Y no fue casualidad.

La razón es geográfica. Balmaseda está en el paso natural entre la meseta castellana y la costa cantábrica, en un corredor por el que circulaban la lana, el hierro y la sal. Fundar una villa en ese punto significaba controlar un tráfico comercial importante, cobrar por el paso y ofrecer refugio a los que lo hacían.

De ese papel de villa de camino salen los dos elementos que hoy definen su casco: un puente sobre el río, con función de control, y una trama urbana de calles paralelas y estrechas propia de las villas medievales de nueva planta.

El puente viejo

Es la imagen de la villa. Un puente de piedra de origen medieval, con arcos desiguales y perfil alomado, sobre el río Cadagua. Tuvo función defensiva y aduanera: por aquí pasaban las mercancías y aquí se cobraba.

Conviene verlo desde las dos orillas y desde el propio tablero, porque cambia por completo. Y conviene mirar el agua: el Cadagua atraviesa la villa y buena parte del interés urbano de Balmaseda está en la relación entre el caserío y el río, con muros, escaleras y traseras que caen directamente al cauce.

El casco histórico, calle por calle

Es compacto y se recorre entero en poco más de una hora. Cuatro elementos que conviene identificar:

  1. La iglesia de San Severino, el templo principal, con torre destacada sobre el conjunto y una fábrica que reúne varias etapas constructivas.
  2. Las calles del ensanche medieval, paralelas y con soportales en algunos tramos, que responden al trazado planificado de las villas de fundación.
  3. Las casas con escudo de las familias que controlaban el comercio, repartidas por el casco.
  4. Los antiguos conventos y el patrimonio industrial, incluida la memoria de la fabricación textil que dio trabajo a la villa en época contemporánea.

La villa tiene además una tradición de Semana Santa con representación en la calle que es una de las más conocidas del norte peninsular, con participación amplia de vecinos y una implicación que se nota en el resto del año: buena parte de la identidad local gira alrededor de esa cita.

Iglesia de San Severino, en Balmaseda
San Severino es el templo principal de la villa y su torre marca la referencia visual del casco histórico. Foto: Javi Guerra Hernando · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Qué es Las Encartaciones

La comarca merece explicación porque su historia institucional es peculiar. Las Encartaciones tuvieron durante siglos juntas propias, con su lugar de reunión, y una relación con el Señorío de Bizkaia distinta de la de las anteiglesias del centro del territorio. Esa singularidad administrativa se mantuvo mucho tiempo y explica la existencia de un patrimonio institucional propio.

Hoy es una comarca de municipios pequeños, con actividad ganadera, forestal y con una parte de su población trabajando en el área metropolitana de Bilbao. Para el visitante, eso significa dos cosas: hay poca masificación y hay que llevar el plan pensado, porque los servicios están dispersos.

Cinco visitas en los alrededores

  • Los valles de Sopuerta, Galdames y Gordexola, con caseríos, torres y ermitas repartidas por un paisaje de prados y bosque.
  • La Torre de Loizaga, en Galdames, una torre medieval restaurada que alberga una colección de automóviles clásicos de gran nivel.
  • Las antiguas explotaciones mineras de la zona, que alimentaron los altos hornos de la ría y han dejado un paisaje y un patrimonio industrial reconocibles.
  • Los senderos entre valles, con rutas señalizadas de dificultad moderada y muy poca gente.
  • Karrantza y el extremo occidental, ya casi en Cantabria, con un paisaje de valle amplio y cuevas de interés.
Torre de Loizaga, en Galdames, Las Encartaciones
La Torre de Loizaga, en Galdames, es una de las visitas destacadas de la comarca: una torre restaurada que alberga una colección de coches clásicos. Foto: Javi Guerra Hernando · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Cómo llegar

Balmaseda está conectada con Bilbao por ferrocarril de vía estrecha, además de por carretera, y ese detalle la convierte en un destino cómodo sin coche: el trayecto atraviesa el valle del Cadagua y termina a pocos metros del casco histórico.

Para moverse por el resto de la comarca, en cambio, el vehículo resulta casi imprescindible: las distancias entre pueblos son cortas pero el transporte público comarcal es limitado y las carreteras, aunque buenas, son de trazado revirado.

Una jornada bien aprovechada

  1. Mañana en Balmaseda: puente viejo, casco histórico, San Severino y un paseo junto al Cadagua.
  2. Comida en la villa, que tiene oferta suficiente y cocina de interior, con más presencia de carne y de legumbre que de pescado.
  3. Tarde en Galdames, con la Torre de Loizaga y el paisaje minero del entorno.
  4. Vuelta por los valles, parando en alguna ermita o mirador, en lugar de por la vía rápida.

Por qué es un destino distinto

Las Encartaciones no compiten con la costa vasca y no tienen intención de hacerlo. Lo que ofrecen es lo contrario: paisaje sin cola, patrimonio sin entrada agotada y pueblos que hacen su vida mientras uno pasea.

Y ofrecen algo que suele pasar desapercibido: la explicación de la otra mitad de la historia de Bizkaia. El hierro que hizo los altos hornos de la ría salió de estos montes, la lana que se exportaba por los puertos cantábricos pasó por este puente, y las instituciones que gobernaron estos valles funcionaron durante siglos con reglas propias. Verlo aquí, con el Cadagua abajo y las torres repartidas por los valles, se entiende mucho mejor que en cualquier resumen.

La villa industrial: boinas, textil y ferrocarril

Balmaseda no es solo una villa medieval. Su historia contemporánea es la de un pequeño núcleo industrial, y ese estrato se lee perfectamente en el urbanismo si se sabe qué buscar.

La actividad textil fue la más importante, con fábricas que dieron trabajo a la villa durante generaciones y que dejaron edificios de tipología industrial en pleno casco. La llegada del ferrocarril reforzó ese papel: conectó Balmaseda con Bilbao y con la meseta, y consolidó su función de nudo que ya había tenido en la Edad Media por otras razones.

El resultado es una villa con dos capas superpuestas y visibles: la trama medieval de calles paralelas y el añadido industrial y ferroviario del siglo XX, con sus naves, sus viviendas obreras y su estación. Para quien tenga interés por el patrimonio industrial, es un caso interesante precisamente por su escala pequeña, que permite entender el conjunto de un vistazo.

Los productos de la comarca

La cocina de Las Encartaciones es de interior y de invierno, y eso se traduce en una carta bastante distinta de la de la costa vasca. Cuatro cosas que conviene buscar:

  • Las alubias y los platos de cuchara, protagonistas de la cocina de estos valles y con producciones locales de prestigio en la zona.
  • La carne de vacuno de las explotaciones ganaderas de la comarca, base de los asados y los guisos.
  • Los quesos y lácteos de producción local, con elaboraciones de oveja y de vaca.
  • Las conservas y las verduras de temporada, en una comarca con huerta de calidad y mercados de proximidad.

Y una recomendación de logística: los pueblos pequeños tienen horarios de restauración estrictos y oferta limitada fuera de fin de semana. Conviene reservar y no dar por hecho que se encontrará sitio a las tres de la tarde de un martes.

Senderismo y naturaleza

Es probablemente el argumento más fuerte de la comarca para una segunda visita. Las Encartaciones tienen un relieve de montaña media, con desniveles razonables, caminos históricos y muy poca presión de visitantes.

Cuatro tipos de recorrido que se pueden encontrar aquí:

  1. Rutas por antiguos caminos de arriería, que conectaban la meseta con la costa y que en algunos tramos conservan el empedrado.
  2. Itinerarios mineros, con restos de instalaciones, planos inclinados y bocaminas señalizadas.
  3. Ascensiones a cumbres de la divisoria, con vistas al valle del Cadagua por un lado y a Cantabria por el otro.
  4. Paseos fluviales junto a los ríos de los valles, cómodos y aptos para cualquier nivel.

Como en toda la cornisa cantábrica, aquí el factor determinante es la meteorología: el terreno es húmedo, la niebla se instala con facilidad en las cumbres y el barro es parte del paisaje buena parte del año. Calzado adecuado y previsión del tiempo antes de salir, y la comarca resulta un destino de senderismo excelente y poco conocido.

Combinarla con otros destinos

Balmaseda está a poca distancia de tres zonas de interés que permiten armar un viaje de varios días. Al norte, la ría de Bilbao y la costa vizcaína. Al oeste, el valle de Karrantza y ya Cantabria, con su propio patrimonio y sus cuevas. Y al sur, en dirección a Burgos, el paisaje cambia por completo al cruzar la divisoria: en pocos kilómetros se pasa del verde atlántico a la meseta.

Ese contraste, que se puede hacer en una mañana de coche, es una de las experiencias más didácticas de la zona: explica de golpe por qué esta comarca fue durante siglos un corredor comercial y por qué se fundó aquí la primera villa de Bizkaia.

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