San Mamés y el Athletic: por qué a un estadio se le llama La Catedral

Hay estadios con nombre y estadios con apodo. El del Athletic Club tiene los dos: se llama San Mamés y en el mundo del fútbol se le conoce como La Catedral. Ese segundo nombre no lo puso una campaña de marketing, y explica bastante bien la relación entre este club y su ciudad.

Estadio de San Mamés, en Bilbao
El estadio actual se levantó junto al solar del anterior, manteniendo el club en el mismo barrio de siempre. Foto: Zarateman · CC0 · Wikimedia Commons

De dónde viene el apodo

La explicación tiene dos partes y las dos son ciertas. La primera es geográfica: el estadio se construyó junto a un asilo con una ermita dedicada a San Mamés, y de ahí salió el nombre oficial del campo y del barrio.

La segunda es futbolística. Durante muchas décadas, este campo fue considerado un templo del fútbol por la antigüedad de su historia y por el ambiente de su grada, y de esa consideración salió el apodo con el que se le conoce en toda España. Un estadio que empieza a llamarse catedral por lo que ocurre dentro y no por lo que hay al lado es un caso poco común.

El estadio nuevo y el viejo

El San Mamés actual no es el original. El club jugó en el campo histórico durante casi un siglo, y cuando ese recinto llegó a su límite se construyó uno nuevo en el solar contiguo, de modo que el equipo pudo seguir jugando mientras la obra avanzaba y no tuvo que abandonar el barrio.

Esa decisión tiene más importancia de la que parece. Muchos clubes europeos han resuelto el problema del estadio marchándose a la periferia, donde el suelo es barato y el aparcamiento fácil; el Athletic se quedó en el mismo sitio, a diez minutos andando del centro y con metro en la puerta. La consecuencia para el visitante es directa: se puede ir al fútbol sin coche.

Qué se puede visitar

  1. La visita guiada al estadio, que recorre las zonas que un día de partido no se ven: vestuarios, túnel de salida, banquillos y sala de prensa.
  2. El museo del club, con la historia del Athletic, sus títulos y su relación con la ciudad.
  3. La tienda oficial, en el propio estadio.
  4. El exterior, que merece un paseo por sí mismo: la fachada iluminada de noche es una de las estampas del ensanche.

Conviene comprobar horarios y disponibilidad antes de ir, porque los días de partido y de entrenamiento a puerta abierta alteran el calendario de visitas.

Arco del antiguo estadio de San Mamés, conservado en las instalaciones de Lezama
El arco del viejo San Mamés se conservó y hoy se levanta en las instalaciones de Lezama, donde se forma la cantera del club. Foto: Hiruka komunikazio-taldea · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons

La filosofía del club

Es lo que hace al Athletic un caso singular en el fútbol europeo y conviene explicarlo sin épica. El club mantiene desde hace décadas una política de cantera: forma a sus jugadores en su propia estructura y en el entorno, en lugar de construir la plantilla a base de fichajes de cualquier procedencia.

Eso produce tres efectos observables. El primero, una identificación muy fuerte entre equipo y afición, porque buena parte de la plantilla es de la zona. El segundo, una continuidad poco habitual: hay jugadores que pasan su carrera entera en el club. Y el tercero, una limitación deportiva evidente que el club acepta como parte de su identidad.

Junto a esto hay otro dato que llama la atención a cualquier aficionado: el Athletic es uno de los pocos clubes que nunca ha descendido de la primera categoría del fútbol español, junto con dos más. Es una rareza estadística que la afición recuerda con frecuencia y con motivo.

Ir a un partido: lo práctico

  • Metro en la puerta. La estación queda junto al estadio, y el centro está a un paseo.
  • Nada de coche. El entorno es ensanche denso y el aparcamiento un problema garantizado.
  • Entradas con antelación. El aforo se llena con abonados y la disponibilidad para el público general es limitada.
  • Ambiente previo en la zona, con los bares del barrio y de Pozas llenos horas antes.
  • Ropa de abrigo: la grada está cubierta y el viento del norte llega igual.

El barrio, más allá del fútbol

San Mamés no está en un polígono: está en pleno ensanche, rodeado de vida de barrio. A pocos minutos quedan el Museo de Bellas Artes, el parque de Doña Casilda, la zona de Indautxu y el eje de Abandoibarra con el Guggenheim y el palacio de congresos.

Eso permite una jornada mixta que funciona muy bien: museo por la mañana, comida en el ensanche, visita al estadio por la tarde y paseo por la ría al atardecer. Todo andando y sin coger un transporte más que el metro.

Por qué interesa aunque el fútbol dé igual

Hay una razón que no tiene que ver con el deporte. San Mamés es uno de los pocos casos en los que se puede ver, en un mismo barrio, cómo una ciudad decidió quedarse con su club en lugar de mandarlo a la periferia. Y el resultado es un estadio grande, moderno, con metro en la puerta y encajado en una trama urbana del siglo XIX.

Para quien estudie ciudades, esa decisión es más interesante que cualquier partido. Y para quien simplemente visite Bilbao, es la explicación de por qué un domingo de liga se nota en el centro entero y no solo en las inmediaciones del campo.

Lezama, la otra mitad del club

Si San Mamés es donde se juega, Lezama es donde se explica el club. Son las instalaciones deportivas del Athletic, situadas en un municipio cercano, y es allí donde se forma la cantera que sostiene la política deportiva de la entidad.

Ese lugar tiene además un detalle simbólico que emociona a la afición: cuando el viejo estadio se derribó, su arco —el elemento estructural que coronaba la grada y que era la imagen del campo— se conservó y se levantó en Lezama. Es decir, el arco del San Mamés histórico está hoy en el sitio donde se forman los jugadores que jugarán en el nuevo.

Para quien tenga interés y tiempo, es una parada que completa la visita al estadio y que explica mejor que cualquier folleto la relación entre este club y su idea de continuidad.

El estadio fuera del fútbol

Un recinto de este tamaño no vive solo de veinte partidos al año, y San Mamés se usa para bastante más:

  1. Conciertos y grandes eventos, aprovechando el aforo y la conexión con metro.
  2. Competiciones internacionales de fútbol y de rugby, que han pasado por aquí en los últimos años.
  3. Espacios de restauración y de reuniones integrados en el propio edificio.
  4. Visitas y museo, con acceso durante todo el año.

Esa polivalencia es lo que hace viable un estadio urbano moderno, y es también la razón por la que conviene comprobar el calendario antes de plantear una visita: un día de montaje de concierto puede alterar los horarios.

Un dato que sorprende a los visitantes

El Athletic es uno de los tres clubes que nunca han descendido de la primera categoría del fútbol español. Lo llamativo no es el dato en sí, sino la combinación con su política de cantera: ha mantenido esa permanencia sin renunciar a formar a sus propios jugadores, en una época en la que el dinero del fútbol ha crecido de forma desproporcionada.

Se puede discutir si esa política limita su techo deportivo —seguramente sí— y es difícil discutir su coherencia. En un deporte donde casi todo se ha vuelto intercambiable, un club que sigue jugando en su barrio con jugadores de su entorno es una anomalía que merece una visita aunque el fútbol no interese.

Cómo se llega y qué hay al lado

La ubicación es la mejor virtud práctica de este estadio. Está en el ensanche, con metro en la puerta y a un paseo del centro, lo que permite algo poco habitual: ir al fútbol andando y volver igual.

  1. Metro, con parada junto al estadio y servicios reforzados los días de partido.
  2. A pie, entre quince y veinte minutos desde el casco viejo por el ensanche.
  3. Tranvía, por la orilla de la ría, con parada a pocos minutos.
  4. Coche, no. Es la única recomendación tajante: el entorno no tiene aparcamiento razonable en día de partido.

Alrededor queda todo lo que hace cómoda la jornada: el Museo de Bellas Artes y el parque de Doña Casilda a un paso, la zona de bares del ensanche para antes del partido y el paseo de la ría para después.

El ambiente, para quien no ha ido nunca

Merece una descripción honesta, porque la reputación de esta grada puede intimidar. Es un estadio ruidoso y exigente con su propio equipo, con una costumbre poco común en el fútbol español: se aplaude al rival cuando hace algo bien y se despide con aplausos al equipo visitante en determinadas circunstancias.

Para un visitante neutral eso hace de San Mamés uno de los campos más agradables donde ver un partido, y explica en parte de dónde viene el apodo. Un templo no es solo un sitio grande: es un sitio con reglas.

Preguntas frecuentes de un primer partido

¿Cómo se consiguen entradas? El aforo está en su mayor parte cubierto por abonados, así que la disponibilidad para el público general es limitada y depende del partido. Los canales oficiales del club son la vía a consultar, y conviene hacerlo con antelación.

¿Se puede entrar con mochila? Los estadios aplican restricciones de acceso a bultos y objetos, y las condiciones concretas se publican para cada evento. Ir ligero evita problemas en el control.

¿Hay visita si hay partido ese día? Los días de partido y de evento el calendario de visitas se altera, de modo que la comprobación previa es obligatoria si el viaje se organiza alrededor de esa actividad.

¿Es un buen plan con niños? Sí, y con dos matices: el ruido de la grada es considerable y el partido dura lo que dura. La visita guiada al estadio, en cambio, funciona muy bien a cualquier edad.

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