Aerotermia: cmo funciona, cunto ahorra y cundo compensa instalarla

Cada vez aparece en más obras nuevas, en más reformas y en más presupuestos de calefacción. La aerotermia se ha instalado en la conversación doméstica como la alternativa al gas y al gasóleo, impulsada por el precio de los combustibles y por las ayudas a la rehabilitación. Pero sigue rodeada de dudas razonables: ¿de verdad saca calor del aire frío? ¿Cuánto se ahorra? ¿Y si vivo en un piso?

Repasamos cómo funciona en realidad, qué rendimiento cabe esperar, cuánto cuesta y en qué casos concretos no compensa.

Qué es la aerotermia

La aerotermia es, sencillamente, una bomba de calor que utiliza el aire exterior como fuente de energía. No genera calor quemando nada: lo transporta de fuera hacia dentro. Es el mismo principio de un frigorífico, pero al revés: la nevera saca calor de su interior y lo suelta en la cocina; la aerotermia lo saca de la calle y lo mete en casa.

Esa diferencia entre generar y transportar es la clave de todo lo demás. Una caldera de gas convierte energía química en calor y, en el mejor de los casos, aprovecha algo más del 100 % del poder calorífico del combustible. Una bomba de calor no está limitada por esa frontera, porque la mayor parte del calor que entrega no lo fabrica: lo mueve.

Unidad exterior de una bomba de calor aerotérmica cubierta de nieve
La unidad exterior sigue extrayendo calor del aire aunque esté nevando: el límite no es el frío, es el rendimiento. Foto: PeterEastern · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons

Cómo saca calor de un aire que está frío

La pregunta es legítima y tiene una respuesta física sencilla. «Frío» es un concepto relativo: mientras la temperatura esté por encima del cero absoluto, el aire contiene energía térmica. Lo que hace la máquina es servirse de un gas refrigerante que hierve a temperaturas bajísimas.

El ciclo, resumido en cuatro pasos:

  1. El refrigerante, muy frío, circula por un intercambiador en la unidad exterior. El aire de la calle, aunque esté a cero grados, está más caliente que él, así que le cede calor y el refrigerante se evapora.
  2. Un compresor comprime ese gas. Al comprimirlo sube bruscamente su temperatura: es el único punto del ciclo donde se consume electricidad de forma relevante.
  3. El gas caliente pasa por otro intercambiador dentro de la casa y cede su calor al circuito de calefacción o al depósito de agua caliente. Al enfriarse, se condensa.
  4. Una válvula de expansión baja la presión, el refrigerante se enfría de golpe y vuelve al principio.

Ese ciclo es reversible. Invirtiéndolo, el mismo aparato saca calor de la casa y lo suelta fuera: es decir, refrigera. Por eso una instalación de aerotermia bien planteada cubre calefacción en invierno, refrigeración en verano y agua caliente sanitaria durante todo el año.

El rendimiento: qué significa un COP de 4

El dato que resume la eficiencia de una bomba de calor es el COP (coeficiente de rendimiento): cuántos kilovatios de calor entrega por cada kilovatio eléctrico que consume. Un COP de 4 significa que por cada kilovatio hora de electricidad pagada, la casa recibe cuatro de calor. Tres de ellos han venido gratis del aire exterior.

Ahora bien, el COP no es un número fijo. Depende de dos cosas:

  • La temperatura exterior. Cuanto más frío hace fuera, más trabajo cuesta extraer calor y más baja el rendimiento.
  • La temperatura a la que hay que entregar el calor. Y este factor pesa mucho más de lo que la gente cree.

Por eso el dato realmente útil no es el COP de catálogo, medido en condiciones favorables, sino el SCOP, que es el rendimiento estacional a lo largo de toda la temporada de calefacción y en un clima de referencia.

Por qué el suelo radiante lo cambia todo

Aquí está el punto que decide si una instalación de aerotermia va a ser un acierto o una decepción, y casi nunca se explica bien.

Una bomba de calor es tanto más eficiente cuanto menor es la temperatura del agua que tiene que producir. Con suelo radiante, que trabaja en torno a los 35 grados, el rendimiento es excelente. Con radiadores tradicionales de hierro pensados para agua a 70 u 80 grados, la máquina tiene que forzar mucho más y el rendimiento se desploma.

De ahí la regla práctica: la aerotermia brilla en obra nueva con suelo radiante o en reformas donde se sustituyen los radiadores por unidades de baja temperatura o por fancoils. Colocarla sobre una instalación de radiadores antiguos sin tocar nada más es la forma más rápida de quedar descontento con ella.

Unidad exterior de aerotermia instalada en la pared de una vivienda
La ubicación de la unidad exterior condiciona el ruido y el rendimiento: necesita aire libre alrededor. Foto: Alexarje · CC BY 4.0 · Wikimedia Commons

Cuánto se ahorra de verdad

El ahorro no sale de comparar euros por kilovatio hora de electricidad y de gas, sino de comparar euros por unidad de calor útil entregado en casa, que es cosa distinta. La electricidad es más cara por kilovatio hora, pero la aerotermia entrega varias unidades de calor por cada una que consume, y ahí está el margen.

Los factores que más mueven la cuenta final:

  • El sistema de emisión: suelo radiante frente a radiadores de alta temperatura.
  • El aislamiento de la vivienda: en una casa mal aislada, cualquier sistema pierde.
  • El clima de la zona: no es lo mismo la cornisa cantábrica que la meseta en enero.
  • La tarifa eléctrica contratada y si hay o no autoconsumo solar.
  • El uso del agua caliente sanitaria, que es consumo durante los doce meses.

Ese penúltimo punto merece un apunte: la aerotermia y las placas solares se llevan especialmente bien, porque una parte del consumo eléctrico se cubre con producción propia y el coste efectivo del calor baja todavía más.

Qué cuesta y qué ayudas hay

Una instalación completa en vivienda unifamiliar es una inversión de varios miles de euros, y la horquilla es amplia porque depende de la potencia, de si hay que montar suelo radiante y del depósito de agua caliente. La reforma del sistema de emisión suele pesar tanto como la propia máquina.

Frente a eso hay dos partidas que juegan a favor: las ayudas a la rehabilitación energética, que varían por comunidad autónoma y por convocatoria, y las bonificaciones en el IBI que aplican bastantes ayuntamientos a las instalaciones de energías renovables. Conviene consultarlas antes de firmar el presupuesto, porque muchas exigen solicitar la ayuda con la obra sin empezar.

Los inconvenientes que conviene conocer antes

Ninguna tecnología es adecuada para todos los casos, y la aerotermia tiene puntos débiles concretos:

  • El ruido de la unidad exterior. Es el motivo número uno de conflicto vecinal en instalaciones domésticas. Los equipos actuales son razonablemente silenciosos, pero situar la unidad bajo la ventana del dormitorio del vecino es buscarse un problema.
  • El espacio. Hace falta sitio para la unidad exterior con aire libre alrededor, y para el depósito de agua caliente dentro.
  • Los ciclos de desescarche. Con frío y humedad se forma escarcha en el intercambiador exterior y la máquina invierte el ciclo unos minutos para deshacerla. Es normal y está previsto, pero durante esos minutos no calienta.
  • El rendimiento con frío intenso. Sigue funcionando, pero con un COP más bajo, y en zonas muy frías puede necesitar un apoyo.
  • La instalación manda sobre la máquina. Un equipo excelente mal dimensionado o mal instalado da un resultado mediocre.
Bomba de calor instalada en el balcón de un edificio
En vivienda colectiva el problema no suele ser técnico sino de espacio y de permisos de la comunidad. Foto: Wikideas1 · CC0 · Wikimedia Commons

¿Se puede poner en un piso?

Técnicamente sí, y de hecho se hace. Las dificultades no suelen ser técnicas sino de convivencia y de espacio: hay que colocar la unidad exterior en la fachada, en la terraza o en la cubierta, lo que casi siempre requiere el visto bueno de la comunidad de propietarios, y hay que encontrar sitio para el depósito de agua caliente.

En comunidades donde varios vecinos se plantean el cambio a la vez, la solución que mejor funciona es abordarlo de forma conjunta, porque permite ordenar dónde va cada unidad exterior y evita que la fachada acabe llena de aparatos colocados sin criterio.

Aerotermia frente a las alternativas

Comparada con una caldera de gas, la aerotermia gana en coste de explotación y en el hecho de que no hay combustión ni conducto de humos, pero pierde en inversión inicial y en simplicidad. Frente al gasóleo, la diferencia de coste por unidad de calor es todavía mayor y desaparecen el depósito y los repostajes.

Frente a la geotermia, que capta el calor del subsuelo, la aerotermia rinde algo menos en invierno pero cuesta bastante menos de instalar, porque no hay que perforar. Y frente a los radiadores eléctricos convencionales no hay comparación posible: un radiador eléctrico entrega como mucho un kilovatio de calor por cada kilovatio consumido.

Cómo saber si compensa en tu caso

Cinco preguntas resuelven la decisión mejor que cualquier folleto:

  1. ¿Vas a poder trabajar a baja temperatura, con suelo radiante o emisores adecuados?
  2. ¿Está la vivienda razonablemente aislada, o hay que actuar antes sobre ventanas y cerramientos?
  3. ¿Hay sitio para la unidad exterior sin molestar a nadie?
  4. ¿Necesitas también refrigeración en verano? Si es así, un solo equipo cubre las dos cosas.
  5. ¿Tienes o vas a tener autoconsumo solar?

Con tres o más respuestas afirmativas, la aerotermia suele salir bien. Con una sola, conviene mirarlo con calma: probablemente el dinero rinda más invertido primero en aislamiento, que es la única medida que reduce el consumo sin depender de ninguna tecnología.

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